domingo, 13 de mayo de 2018

La Cruzada del siglo XX


Plinio Corrêa de Oliveira
  • La Iglesia Católica fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo para perpetuar entre los hombres los beneficios de la Redención. Su finalidad se identifica, pues, con la de la propia Redención: expiar los pecados de los hombres por los méritos infinitamente preciosos del Hombre-Dios; restituir así a Dios la gloria extrínseca que el pecado le había robado; y abrir a los hombres las puertas del Cielo. Esta finalidad se realiza toda ella en el plano sobrenatural, y con orden a la vida eterna. Ella trasciende absolutamente todo cuanto es meramente natural, terreno, perecible. Fue lo que Nuestro Señor Jesucristo afirmó, cuando dijo a Poncio Pilatos “mi Reino no es de este mundo”(Jn.18, 36).
  • La vida terrena se diferencia así, y profundamente, de la vida eterna. Pero estas dos vidas no constituyen dos planos absolutamente aislados uno del otro. Hay en los designios de la Providencia una relación íntima entre la vida terrena y la vida eterna. La vida terrena es el camino, la vida eterna es el fin. El Reino de Cristo no es de este mundo, pero es en este mundo que está el camino por el cual llegaremos hasta él.
  • Así como la Escuela Militar es el camino para la carrera de las armas, o el noviciado es el camino para el definitivo ingreso en una Orden religiosa, así también la tierra es el camino para el Cielo. Tenemos un alma inmortal, creada a imagen y semejanza de Dios. Esta alma es creada con un tesoro de aptitudes naturales para el bien, enriquecidas por el bautismo con el don inestimable de la vida sobrenatural de la gracia. Nos toca, durante la vida, desarrollar hasta su plenitud estas aptitudes para el bien. Con esto, nuestra semejanza con Dios, que era en algún sentido aún incompleta y meramente potencial, se torna plena y actual.
    La semejanza es la fuente del amor. Tornándonos plenamente semejantes a Dios, somos capaces de amarlo plenamente y de atraer sobre nosotros la plenitud de su amor.
    Quedamos así preparados para la contemplación de Dios cara a cara, y para aquel eterno acto de amor, plenamente feliz, para el cual somos llamados en el Cielo.
    La vida terrena es, pues, un noviciado en que preparamos nuestra alma para su verdadero destino, que es ver a Dios cara a cara, y amarlo por toda la eternidad.
  • Presentando la misma verdad en otros términos, podemos decir que Dios es infinitamente puro, infinitamente justo, infinitamente fuerte, infinitamente bueno. Para amarlo, debemos amar la pureza, la justicia, la fortaleza, la bondad. Si no amamos la virtud, ¿cómo podemos amar a Dios que es el bien por excelencia? De otro lado, siendo Dios el Sumo Bien, ¿cómo puede amar el mal? Siendo la semejanza la fuente del amor, ¿cómo puede Él amar a quien es totalmente desemejante de Él, a quien es conciente y voluntariamente injusto, cobarde, impuro, malo?Dios debe ser adorado y servido, sobretodo en espíritu y en verdad (Jn. 4,25). Así, es preciso que seamos puros, justos, fuertes, buenos, en lo más íntimo de nuestra alma.. Pero si nuestra alma es buena, todas nuestras acciones deben serlo necesariamente, puesto que el árbol bueno no puede producir sino buenos frutos (Mt. 7, 17-18). Así, es absolutamente necesario, para que conquistemos el Cielo, no sólo que en nuestro interior amemos el bien y detestemos el mal, sino que por nuestras acciones practiquemos el bien y evitemos el mal.
  • Pero la vida terrena es más que el camino de la eterna bienaventuranza. ¿Qué es lo que haremos en el cielo? —Contemplaremos a Dios cara a cara, a la luz de la gloria, que es la perfección de la gracia, y lo amaremos eternamente y sin fin. Ahora bien, el hombre ya goza de la vida sobrenatural en esta tierra, por el bautismo. La Fe es una semilla de la visión beatífica. El amor de Dios, que el hombre practica creciendo en la virtud y evitando el mal, ya es el propio amor sobrenatural con que él adorará a Dios en el cielo.El Reino de Dios se realiza en su plenitud en el otro mundo. Pero para todos nosotros comienza a realizarse en estado germinativo ya en este mundo. Tal como en un noviciado ya se practica la vida religiosa, aunque en estado preparatorio; y en una escuela militar un joven se prepara para el ejército... viviendo la propia vida militar.
    Y la Santa Iglesia ya es en este mundo una imagen, y más que esto, una verdadera anticipación del Cielo.
    Por esto, todo cuanto los Santos Evangelios nos dicen del Reino de los Cielos puede ser aplicado con toda propiedad y exactitud a la Iglesia Católica, a la Fe que Ella nos enseña y a cada una de las virtudes que Ella nos inculca.
  • Es éste el sentido de la fiesta de Cristo Rey. Rey celestial ante todo. Pero Rey cuyo gobierno ya se ejerce en este mundo. Es Rey quien posee de derecho la autoridad suprema y plena. El Rey legisla, dirige y juzga. Su realeza se hace efectiva cuando sus súbditos reconocen sus derechos y obedecen sus leyes. Ahora bien, Jesucristo posee sobre nosotros todos los derechos. El promulgó leyes, dirige el mundo y juzgará a los hombres. Nos cabe tornar efectivo el Reino de Cristo obedeciendo sus leyes.
  • Este reinado es un hecho individual, en cuanto considerado en la obediencia que cada alma fiel presta a Nuestro Señor Jesucristo. En efecto, el reinado de Cristo se ejerce sobre las almas; y por tanto, el alma de cada uno de nosotros es una parcela del campo de jurisdicción de Cristo-Rey. El Reinado de Cristo será un hecho social si las sociedades humanas le prestaren obediencia.Puede decirse, pues, que el Reino de Cristo se torna efectivo en la tierra, en su sentido individual y social, cuando los hombres, en lo íntimo del alma como en sus acciones, y las sociedades en sus instituciones, leyes, costumbres, manifestaciones culturales y artísticas se conforman con la Ley de Cristo.
  • Por más concreta, brillante y tangible que sea la realidad terrena del Reino de Cristo —en el siglo XIII, por ejemplo— es preciso no olvidar que este reino no es sino preparación y proemio. En su plenitud, el Reino de Dios se realizará en el cielo: “Mi Reino no es de este mundo...” (Jn. 18-36).

    Orden, armonía, paz, perfección

  • El orden, la paz, la armonía, son características esenciales del alma bien formada, de la sociedad humana bien constituida. En cierto sentido, son valores que se confunden con la propia noción de perfección.
  • Todo ser tiene un fin propio, y una naturaleza adecuada a la obtención de este fin. Así, una pieza de reloj tiene un fin propio, y por su forma y composición es adecuada a la realización de este fin.
  • El orden es la disposición de las cosas según su naturaleza. Así, un reloj está en orden cuando todas sus piezas están ordenadas según la naturaleza y el fin que les es propio. Se dice que hay orden en el universo sideral porque todos los cuerpos celestes están ordenados según su naturaleza y fin.
  • Existe armonía cuando las relaciones entre dos seres son conformes a la naturaleza y fin de cada cual. La armonía es el obrar de las cosas unas en relación a las otras, según el orden.
  • El orden engendra la tranquilidad. La tranquilidad del orden es la paz. No es cualquier tranquilidad la que merece ser llamada paz, sino solamente la que resulta del orden. La paz de conciencia es la tranquilidad de la conciencia recta: no puede confundirse con el letargo de la conciencia embotada. El bienestar orgánico produce una sensación de paz que no puede ser confundida con la inercia del estado de coma.
  • Cuando un ser está enteramente dispuesto según su naturaleza, está en estado de perfección. Así, una persona con gran capacidad de estudio, gran deseo de estudiar, puesta en una Universidad en la que hubiera todos los medios para hacer los estudios que desea, está puesta, del punto de vista de los estudios, en condiciones perfectas.
  • Cuando las actividades de un ser son enteramente conformes a su naturaleza, y tienden enteramente hacia su fin, estas actividades son de algún modo perfectas. Así, la trayectoria de los astros es perfecta, porque corresponde enteramente a la naturaleza y al fin de cada cual.
  • Cuando las condiciones en que un ser se encuentra son perfectas, sus operaciones lo son también, y él tenderá necesariamente hacia su fin, con el máximo de la constancia, del vigor y del acierto. Así, si un hombre está en condiciones perfectas para andar —esto es, sabe, quiere y puede andar— andará de modo irreprensible.
  • El verdadero conocimiento de lo que sea la perfección del hombre y de las sociedades, depende de una noción exacta de la naturaleza y del fin del hombre.
  • El acierto, la fecundidad y el esplendor de las acciones humanas, ya sea individuales o sociales, también está en la dependencia del conocimiento de nuestra naturaleza y fin.
  • En otros términos, la posesión de la verdad religiosa es la condición esencial del orden, de la armonía, de la paz y de la perfección.

    La perfección cristiana

  • El Evangelio nos apunta un ideal de perfección: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt. 5,48). Este consejo que nos fue dado por Nuestro Señor Jesucristo, Él mismo nos enseña a realizarlo. En efecto, Jesucristo es la semejanza absoluta de la perfección del Padre Celestial; el modelo supremo que todos debemos imitar.Nuestro Señor Jesucristo, sus virtudes, sus enseñanzas, sus acciones, son el ideal definido de la perfección para el cual el hombre debe tender.
  • Las reglas de esta perfección se encuentran en la ley de Dios, que Nuestro Señor Jesucristo no vino a abolir, sino a completar (cfr. Mt. 5,17), y en los preceptos y consejos evangélicos. Y para que el hombre no cayese en error al interpretar los Mandamientos y los consejos, Nuestro Señor Jesucristo instituyó una Iglesia infalible, que tiene el amparo divino para nunca errar en materia de fe y moral. La fidelidad de pensamiento y de acciones en relación al Magisterio de la Iglesia es pues el modo por el cual todos los hombres pueden conocer y practicar el ideal de perfección que es Nuestro Señor Jesucristo.
  • Fue lo que hicieron los Santos, que, practicando de un modo heroico las virtudes que la Iglesia enseña, realizaron la imitación perfecta de N. S. Jesucristo y del Padre Celestial. Es tan verdadero que los Santos llegaron a la más alta perfección moral, que los propios enemigos de la Iglesia, cuando no los ciega el furor de la impiedad, lo proclaman. De San Luis Rey de Francia, por ejemplo, escribió Voltaire: “no es posible al hombre llevar mas lejos la virtud”. Lo mismo podría decirse de todos los Santos.
  • Dios es el autor de nuestra naturaleza y, por tanto, de todas las aptitudes y excelencias que en ella se encuentran. En nosotros, sólo lo que no proviene de Dios son los defectos, frutos del pecado original o de los pecados actuales. El Decálogo no podría ser contrario a la naturaleza que Dios mismo creó en nosotros: Pues, siendo Él perfecto, no puede haber contradicción en sus obras. Por esto, el Decálogo nos impone acciones que nuestra propia razón nos muestra que son conformes con la naturaleza, como honrar padre y madre, y nos prohibe acciones que por la simple razón vemos que son contrarias al orden natural, como la mentira.
  • En esto consiste, en el plano natural, la perfección intrínseca de la Ley, y la perfección personal que adquirimos practicándola. Es que todas las operaciones conformes a la naturaleza del agente son buenas.
  • Como consecuencia del pecado original, el hombre quedó con propensión a practicar acciones contrarias a su naturaleza rectamente entendida. Así, quedó sujeto al error en el terreno de la inteligencia, y al mal en el campo de la voluntad. Tal propensión es tan acentuada que, sin el auxilio de la gracia, no sería posible a los hombres conocer ni practicar, durablemente y en su totalidad, los preceptos del orden natural. Revelándolos en lo alto del Sinaí, instituyendo en la Nueva Alianza una Iglesia destinada a protegerlos contra los sofismas y las transgresiones del hombre, y los sacramentos y otros medios de piedad destinados a fortalecerlos con la gracia, Dios remedió esta insuficiencia del hombre.La gracia es un auxilio sobrenatural, destinado a robustecer la inteligencia y la voluntad del hombre para permitirle la práctica de la perfección. Dios no rehúsa la gracia a nadie. La perfección es, pues, accesible a todos.
  • ¿Puede un infiel conocer y practicar la Ley de Dios? ¿Recibe él la gracia de Dios? —Se debe distinguir. En principio, todos los hombres que tienen contacto con la Iglesia Católica reciben gracia suficiente para conocer que Ella es verdadera, ingresar en Ella y practicar los Mandamientos. Si, pues, alguien se mantiene voluntariamente fuera de la Iglesia, si es infiel porque rechaza la gracia de la conversión, que es el punto de partida de todas las otras gracias, cierra para sí las puertas de la salvación. Pero si alguien no tiene medios de conocer la Santa Iglesia —un pagano, por ejemplo, cuyo país no haya recibido la visita de misioneros— tiene la gracia suficiente para conocer, por lo menos, los principios más esenciales de la Ley de Dios, y practicarlos, pues Dios a nadie rehúsa la salvación.
  • Cabe observar, sin embargo, que, si la fidelidad a la ley exige sacrificios a veces heroicos de los propios católicos que viven en el seno de la Iglesia, bañados por la superabundancia de la gracia y de todos los medios de santificación, mucho mayor aún es la dificultad que tienen en practicarla los que viven lejos de la Iglesia, y fuera de esta superabundancia. Es lo que explica que sean tan raros —verdaderamente excepcionales— los gentiles que practican la ley.

    El ideal cristiano de la perfección social

  • Si admitiésemos que en una determinada población la generalidad de los individuos practica la ley de Dios, ¿qué efecto se puede esperar de ahí para la sociedad? Esto equivale a preguntar si en un reloj, cada pieza trabaja según su naturaleza y su fin, ¿qué efecto se puede esperar de ahí para el reloj? O si cada parte de un todo es perfecta, ¿qué se debe decir del todo?
  • Hay siempre algún riesgo de dar ejemplo con cosas mecánicas, en asuntos humanos. Atengámonos a la imagen de una sociedad en que todos los miembros fuesen buenos católicos, trazada por San Agustín: imaginemos “un ejército constituido de soldados como los forma la doctrina de Jesucristo, gobernadores, maridos, esposas, padres, hijos, maestros, siervos, reyes, jueces, contribuyentes, cobradores de impuestos como los quiere la doctrina cristiana! Y osen (los paganos) aún decir que esa doctrina es opuesta a los intereses del Estado! Por el contrario, les cabe reconocer sin duda que ella es una grande salvaguarda para el Estado, cuando es fielmente observada” (Epist. CXXXVIII al. 5 ad Marcellinum, cap. 2, N° 15).En otra obra el santo Doctor, apostrofando a la Iglesia Católica, exclama: “Conduces e instruyes los niños con ternura, los jóvenes con vigor, los ancianos con calma, como comporta la edad, no sólo del cuerpo mas del alma. Sometes las esposas a sus maridos, por una casta y fiel obediencia, no para saciar la pasión mas para propagar la especie y constituir la sociedad doméstica; confieres autoridad a los maridos sobre las esposas, no para que abusen de la fragilidad de su sexo mas para que sigan las leyes de un sincero amor. Subordinas los hijos a los padres por una tierna autoridad. Unes no sólo en sociedad, sino en una como que fraternidad los ciudadanos a los ciudadanos, las naciones a las naciones, y los hombres entre sí por el recuerdo de los primeros padres. Enseñas a los reyes a velar por los pueblos, y prescribes a los pueblos que obedezcan a los reyes. Enseñas con solicitud a quién se deben el honor, a quién el afecto, a quién el respeto, a quién el temor, a quién el consuelo, a quién la advertencia, a quién el ánimo, a quién la corrección, a quién el castigo; y haces saber de qué modo, si ni todas las cosas a todos se deben, a todos se debe la caridad y a ninguno la injusticia” (De Moribus Ecclesiae, cap. XXX, N° 63).
    Sería imposible describir mejor el ideal de una sociedad enteramente cristiana. ¿Podrían en una sociedad el orden, la paz, la armonía, la perfección, ser llevados a un límite más alto?
  • Para completar el asunto, bástenos una rápida observación. Si hoy en día todos los hombres practicasen la Ley de Dios, ¿no se resolverían rápidamente todos los problemas políticos, económicos, sociales, que nos atormentan? ¿Y qué solución se podrá esperar para ellos mientras los hombres viviesen en la inobservancia habitual de la Ley de Dios?
  • ¿La sociedad humana realizó alguna vez este ideal de perfección? —Sin duda. Lo dice el inmortal León XIII: operada la Redención y fundada la Iglesia, “como despertando de antiguo, largo y mortal letargo, el hombre percibió la luz de la verdad, que había buscado y deseado en vano durante tantos siglos; reconoció sobre todo que había nacido para bienes mucho más altos y más magníficos que los bienes frágiles y perecibles que son alcanzados por los sentidos, y alrededor de los cuales había hasta entonces circunscrito sus pensamientos y sus preocupaciones. Comprendió él que toda la constitución de la vida humana, la ley suprema, el fin al que todo se debe sujetar, es que, venidos de Dios, un día debamos retornar a Él.“De esta fuente, sobre este fundamento, se vio renacer la conciencia de la dignidad humana; el sentimiento de que la fraternidad social es necesaria hizo entonces pulsar los corazones; en consecuencia, los derechos y deberes alcanzaron su perfección, o se fijaron integralmente y, al mismo tiempo, en diversos puntos, se expandieron virtudes tales, con la filosofía de los antiguos siquiera pudo jamás imaginar. Por eso, los designios de los hombres, la conducta de la vida, las costumbres tomaron otro rumbo. Y, cuando el conocimiento del Redentor se esparció a lo lejos, cuando su virtud penetró hasta las fibras íntimas de la sociedad, disipando las tinieblas y los vicios de la Antigüedad, entonces se obró aquella transformación que, en la era de la Civilización Cristiana, cambió enteramente la faz de la tierra” (León XIII, Encíclica Tametsi futura prospicientibus, 1/XI/1900).

    La Civilización Cristiana – La cultura cristiana

  • Fue esta resplandeciente realidad, hecha de un orden y de una perfección antes sobrenatural y celeste que natural y terrestre, la que se llamó la civilización cristiana, producto de la cultura cristiana, la cual a su vez es hija de la Iglesia Católica.
  • Por cultura del espíritu podemos entender el hecho de que determinada alma no se encuentra abandonada al juego desordenado y espontáneo de las operaciones de sus potencias —inteligencia, voluntad, sensibilidad— sino, por el contrario, por un esfuerzo ordenado y conforme a la recta razón adquirió en estas tres potencias algún enriquecimiento: así como el campo cultivado no es aquel que hace fructificar todas las semillas que el viento en él caóticamente deposita, sino el que, por efecto del trabajo recto del hombre, produce algo de útil y bueno.
  • En este sentido, la cultura católica es el cultivo de la inteligencia, de la voluntad y de la sensibilidad, según las normas de la moral enseñada por la Iglesia. Ya vimos que ella se identifica con la propia perfección del alma. Si ella existiese en la generalidad de los miembros de una sociedad humana (aunque en grado y modos acomodados a la condición social y a la edad de cada uno) ella será un hecho social y colectivo. Y constituirá un elemento —el más importante— de la propia perfección social.
  • Civilización es el estado de una sociedad humana que posee una cultura, y que creó, según los principios básicos de esta cultura, todo un conjunto de costumbres, de leyes, de instituciones, de sistemas artísticos y literarios propios. Una civilización será católica, si fuera la resultante fiel de una cultura católica y si, pues, el espíritu de la Iglesia fuera el propio principio normativo y vital de sus costumbres, leyes e instituciones, sistemas literarios y artísticos.
  • Si Jesucristo es el verdadero ideal de perfección de todos los hombres, una sociedad que aplique todas sus leyes tiene que ser una sociedad perfecta, la cultura y la civilización nacidas de la Iglesia de Cristo tiene que ser forzosamente, no sólo la mejor civilización, sino la única verdadera. Lo dice el Santo Pontífice Pío X: “No hay verdadera civilización sin civilización moral, y no hay verdadera civilización moral sino con la Religión verdadera” (Carta al Episcopado francés de 28-VIII-1910, sobre “Le Sillón”). De donde deriva con evidencia cristalina que no hay verdadera civilización sino como consecuencia y fruto de la verdadera religión.

    La Iglesia y la Civilización Cristiana

  • Se engaña singularmente quien suponga que la acción de la Iglesia sobre los hombres es meramente individual, y que ella forma personas y no pueblos, ni culturas, ni civilizaciones.
  • En efecto, Dios creó el hombre enteramente sociable, y quiso que los hombres, en sociedad, trabajasen unos por la santificación de los otros. Por esto, también, nos creó influenciables. Todos tenemos, por la propia presión del instinto de sociabilidad, la tendencia a comunicar en cierta medida nuestras ideas a los otros, y, en cierta medida, a recibir la influencia de ellos. Esto se puede afirmar en las relaciones de individuo a individuo, y del individuo con la sociedad. Los ambientes, las leyes, las instituciones en que vivimos ejercen efecto sobre nosotros, tienen sobre nosotros una acción pedagógica.
  • Resistir [en un ambiente paganizado] enteramente a este ambiente, cuya acción ideológica nos penetra hasta por ósmosis y como que por la piel, es obra de alta y ardua virtud. Y por eso los primitivos cristianos no fueron más admirables enfrentando las fieras del Coliseo, que manteniendo íntegro su espíritu católico, aunque viviesen en el seno de una sociedad pagana. Así, la cultura y la civilización son fuertísimos medios para actuar sobre las almas. Actuar para su ruina, cuando la cultura y la civilización son paganas; para su edificación y su salvación, cuando son católicas. ¿Cómo, pues, puede la Iglesia desinteresarse de producir una cultura y una civilización contentándose en actuar sobre cada alma a título meramente individual?
  • Por lo demás, cualquier alma sobre la cual la Iglesia actúa, y que corresponde generosamente a tal acción, es como un foco o una semilla de esta civilización, que ella expande activa y enérgicamente a su alrededor. La virtud trasparece y contagia. Contagiando, se propaga. Actuando y propagándose, tiende a transformarse en cultura y civilización católica.
  • Como vemos, lo propio de la Iglesia es producir una cultura y una civilización cristiana. Es producir todos sus frutos en una atmósfera social plenamente católica. El católico debe aspirar a una civilización católica como el hombre encarcelado en un subterráneo desea el aire libre, y el pájaro aprisionado ansía por recuperar los espacios infinitos del cielo.
Y es ésta nuestra finalidad, nuestro gran ideal. Caminamos hacia la civilización católica, que podrá nacer de los escombros del mundo de hoy, como de los escombros del mundo romano nació la civilización medieval. Caminamos hacia la conquista de este ideal con el coraje, la perseverancia, la resolución de enfrentar y vencer todos los obstáculos, con que los Cruzados marcharon hacia Jerusalén. Porque, si nuestros mayores supieron morir para reconquistar el Sepulcro de Cristo, ¿cómo no querremos nosotros —hijos de la Iglesia como ellos— luchar y morir para restaurar algo que vale infinitamente más que el preciosísimo Sepulcro del Salvador, esto es, su reinado sobre las almas y las sociedades que El creó y salvó para que lo amen eternamente?

* Este artículo fue escrito en 1951.

domingo, 6 de mayo de 2018

EL PRIVILEGIO CONCEDIDO AL SOLAR DE TEJADA EN 1460: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ÚLTIMAS INVESTIGACIONES.


El Solar de Tejada en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

En el salón de actos de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación ha tenido lugar en la tarde del pasado día 3 de mayo, una sesión pública titulada El privilegio concedido al Solar de Tejada en 1460: estado de la cuestión y últimas investigaciones.
El  denominado Antiguo e Ilustre Solar de Tejada es una antigua institución corporativa, nacida durante la Baja Edad Media y radicada en la Sierra de Cameros, antes tierras sorianas y hoy de  La Rioja. Una primitiva asociación de propietarios forestales y ganaderos, reunidos para la mejor defensa de sus derechos bajo la forma de un señorío de behetría o colectivo. Una institución que ha sido varias cosas diferentes a lo largo de la historia -de al menos siete siglos-, y que en 1460 recibió de la Corona un interesante privilegio nobiliario y heráldico. Ese privilegio fue confirmado por los Reyes Católicos en 1491, y sucesivamente por la mayor parte de los reyes de España, siendo hasta ahora el último en hacerlo don Juan Carlos I en 1981.
El Solar de Tejada mantiene una extensa propiedad comunal: unos montes que hoy comprenden unas 500 hectáreas, dentro de los cuales se conserva una casona solariega y blasonada.

Presidió el académico correspondiente dr. don Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, vizconde de Ayala, y participaron como ponentes el dr. don Félix Martínez Llorente, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Valladolid y también académico correspondiente; el heraldista dr. don Luis Valero de Bernabé y Martín de Eugenio, marqués de Casa Real y presidente del Colegio Heráldico de España y de las Indias; y don Antonio de Castro y García de Tejada, numerario de la Academia Melitense y caballero de la Orden de Carlos III. Sus intervenciones, doctas y precisas, fueron seguidas con mucha atención, como se manifestó en el turno de preguntas que sirvió de colofón al acto.
Finalizadas las disertaciones, el dr. Ceballos-Escalera anunció la convocatoria de un encuentro científico sobre el Solar de Tejada en sus aspectos históricos, jurídicos e institucionales; la publicación de un volumen de estudios sobre estos asuntos -abierta a cuantos investigadores quieran enviar sus trabajos-; y la creación, por parte de la Academia Melitense, del Premio Gran Maestre Ximénez de Tejada.
Asistieron al acto un centenar de personas, destacando entre ellas varios académicos y varios magistrados del Tribunal Supremo -estos encabezados por el presidente de la Sala V-, Grandes de España y Títulos del Reino, así como representantes de las más conspicuas Corporaciones nobiliarias  como el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid, el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias, las Reales Maestranzas de Sevilla y Zaragoza y de otras entidades de tradición nobiliaria y caballeresca como la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, el Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, la Real Asociación de Hidalgos de España  y la Maestranza de Caballería de Castilla.
A la sesión académica siguió, en los salones contiguos, un espléndido refrigerio, ofrecido por el Antiguo e Ilustre Solar de Tejada.

martes, 1 de mayo de 2018

CAPÍTULO GENERAL DE LA MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE CASTILLA EN MADRID, el pasado 27 de abril




Maestranza de Caballería de Castilla

REUNIÓN DE LA MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE CASTILLA

EN MADRID
    La iglesia de San Jerónimo el Real, que fue conventual del antiguo monasterio jerónimo fundado por la Reina Doña Isabel la Católica en 1502 -y por eso una de las más antiguas de la villa y corte de Madrid-, ha acogido en la tarde del 27 de abril la misa de acción de gracias por el XXVI aniversario del establecimiento de la Maestranza de Caballería de Castilla -corporación nacida en Segovia en 1992, bajo los auspicios del Augusto Señor Conde de Barcelona (q.S.G.h.)-, y por la concesión por S.M. el Rey Don Felipe VI de la Corbata de honor de la Real Orden de Isabel la Católica; durante la cual tuvo lugar, además, la ceremonia de recibimiento de nuevos maestrantes.
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   Ofició la Santa Misa solemne el propio cura párroco, reverendo señor don José Luis Bravo, acompañado de la música del organista titular, maestro don Jesús Alonso; y el acto de recibimiento el actual diputado decano, el Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta.

   Asistieron a esta solemnidad un centenar largo de caballeros y damas maestrantes.

   Durante la ceremonia, ordenada por don Rafael Feria, el Conde de Giraldeli y don José Felipe Garrido, hicieron la promesa estatutaria y fueron recibidos en la Maestranza los Excmos. e Ilmos Señoras y Señores Don Francisco de Borbón, Conde de Hardenberg; Don José María Aguayo de Escalada, Marqués de Villaverde de Aguayo; Don Marc’Alvise de Vierno, Marqués Pallavicini; el coronel Don Manuel Aroca Corbalán, el teniente coronel Don Francisco Javier Mendi Pompa; Don Javier Muñoz Cabrera, Don Víctor Martínez Borrás, Don Jorge Bernaldo de Quirós y Trillas y Don Mario Ruiz de la Torre y Cano; Don Manuel Álvarez de Ron y Sela, Don Manuel Luque y Llaudís, Don Víctor Otero y Prol, Don Enrique López-Pozas y Lanuza y el Dr. Don Roberto Schiesari; Doña Gracia Calderón e Hidalgo, y la Dra. Doña Giovanna Dossena.
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Don Francisco de BORBÓN, nuevo Maestrante de Castilla
Don Francisco de Borbón, nuevo Maestrante de Castilla
   Asistieron al acto representaciones de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, del Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, del Real Estamento Militar del Principado de Gerona, y de la Maestranza de Caballería de San Fernando.
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   Concluida la Misa con un responso por los maestrantes difuntos y sus familiares -en particular por el Duque de Coimbra, Infante de Portugal; el Archiduque Jozsef Arpad; el Marqués de Almazán; Don José Manuel Maza, Fiscal General del Estado; y Don Juan Sunyé Blanco-, y con el canto de la Salve, la Maestranza y e invitados se trasladaron al cercano Hotel Westin Palace, en cuyos salones tuvo lugar una animada cena de hermandad, durante la cual se brindó por S.M. el Rey Don Felipe y por España.
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Fotografías varias de asistentes al  acto, cedidas por D. Rafael Portell
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El diputado decano de la Maestranza de Caballería de Castilla, el Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta
 El Vizconde de Ayala y el que suscribe.
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D. Rafael Portell y D. Carlos Navarro
D. Rafael Portell Pasamonte
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D. Carlos Navarro y D. Fernando Martínez Larrañaga

domingo, 1 de abril de 2018

La familia real se reunirá en una misa homenaje a don Juan de Borbón, en el 25 aniversario de su deceso


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La familia real se reunirá en una misa homenaje a don Juan de Borbón, en el 25 aniversario de su deceso

El 3 de abril se conmemorará con un oficio religioso en la basílica del Monasterio del Escorial el 25 aniversario de la muerte del conde de Barcelona. El abuelo de S.M. el rey Felipe VI falleció el 1 de abril de 1993 en la Clínica Universitaria de Navarra.
La Familia Real española rendirá tributo a la memoria de don Juan de Borbón cuando se cumple el 25 aniversario de su muerte. Lo hace con su presencia en una Misa conmemorativa que se celebra el martes próximo en la Basílica del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial.
Allí, en la antesala del Panteón de Reyes  que guarda los restos de los monarcas españoles desde Carlos V, fue depositado el cuerpo del padre del Rey don Juan Carlos y abuelo del actual monarca.
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El entierro del Conde de Barcelona –título que usó en vida por estar unido al de Rey de España sin que pudiera ejercer como tal- se celebró el día 7 de Abril de 1993, una semana después de su fallecimiento en la Clínica Universitaria de Navarra, centro en el que estuvo hospitalizado durante su último mes de vida.
D, Juan de Borbón, dedicó toda su vida al servicio de la Corona, cuya restauración intentó por todos los medios, sin lograr llegar a ser rey y tenerse que conformar con ver a su hijo en el trono de España. Él fue el depositario de los derechos dinásticos de la Monarquía española desde la muerte de su padre, Alfonso XIII, hasta la generosa cesión a su heredero el 14 Mayo de 1977, en un acto celebrado en el Palacio de la Zarzuela.




Se recordarán siempre sus palabras finales dirigidas a D. Juan Carlos I: “Majestad, por España, todo por España, Viva España”.
Los restos de don Juan de Borbón, que reposan ahora en el pudridero del Panteón de Reyes del Escorial, podrán pasar a la sala que alberga los sarcófagos definitivos de los monarcas españoles a partir de ahora, cumplidos los 25 años preceptivos antes de este traslado.
En el mismo lugar están los restos de doña María de las Mercedes, madre de don Juan Carlos, fallecida el día 2 de Enero de 2000, aunque en su caso tendrán que pasar aún siete años para ser trasladada al Panteón real en el que yacen las reinas españolas madres de Reyes.

viernes, 23 de marzo de 2018

SS.MM. los Reyes, presiden en Valladolid el solemne acto del V Centenario de la vuelta al mundo de Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano


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SS.MM. los Reyes de España, presiden en Valladolid el solemne acto del V Centenario de la vuelta al mundo de Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano

22.03.2018 – Monasterio de Nuestra Señora de Prado. Valladolid
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Sus Majestades los Reyes presidieron en Valladolid  el acto institucional solemne en conmemoración de las Capitulaciones de Magallanes de las que ayer, 22 de marzo, se cumplió el V Centenario; todo ello,en el marco del V centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo, que inició Fernando de Magallanes en 1519 y, tras su muerte, finalizó el marino español Juan Sebastián de Elcano en 1522.

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Su Majestad el Rey durante su intervención

S.M. El Rey D. Felipe VI ha abrazado las Capitulaciones de Magallanes para reafirmar la “presencia global” y la “vocación universal” de España y su compromiso “irrevocable” con aquellos proyectos que contribuyan al “mejor conocimiento” del mundo, al “acercamiento” entre los pueblos y países que comparten “lazos históricos y culturales”, así como los que fomentan la “solidaridad y la cooperación internacional”.
El Monarca, durante su alocución, ha incidido en lo bueno que es “volver la vista a la historia” para “recordar”, “analizar” y “comprender” acontecimientos que dan muchas de las “claves” de lo que “somos como sociedad y como país”.

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domingo, 18 de marzo de 2018

Convocatoria Capítulo general de la MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE CASTILLA para el próximo 27 de abril de 2018


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Convocatoria Capítulo general de la MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE CASTILLA para el próximo  27 de abril de 2018
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LA MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE CASTILLA
3          Las Reales Maestranzas de Caballería son sociedades ecuestres fundadas por caballeros particulares en el último tercio del siglo XVII, y transformadas durante el siglo XVIII, bajo la protección de la Corona, en instituciones públicas dedicadas a la formación hípica de los cuadros de oficiales de Caballería y al fomento de la cría caballar. A partir del advenimiento del sistema constitucional, en 1842, las cinco Reales Maestranzas supervivientes -otras diez se malograron- se transformaron en entidades ecuestres cortesanas, oficialmente reconocidas.
            Con el fin de preservar esa tradición ecuestre española, y de dotar a los territorios septentrionales de la Península Ibérica -los antiguos reinos de Castilla y León- de una institución propia, la Maestranza de Caballería de Castilla se fundó en la ciudad de Segovia el 6 de enero de 1992, con el nombre original de Maestranza de Caballería de Segovia, bajo los auspicios y el amparo del Augusto Señor Conde de Barcelona (q.S.G.h.), el más egregio de los segovianos del siglo XX -quien Se dignó aceptar el nombramiento de Primer Maestrante-, y por iniciativa de los Marqueses del Arco y de La Floresta -este, cronista de armas de Castilla y León-, a la que enseguida se unieron numerosos caballeros de la Junta de Nobles Linajes de Segovia (fundada en 1304). Fue debidamente autorizada e inscrita por el Gobierno Civil de Segovia con fecha del 5 de marzo de 1992.
            La Maestranza de Caballería de Castilla ha querido, desde sus mismos orígenes, reunir tanto a los miembros de la más acrisolada Nobleza histórica española y de la Nobleza histórica europea, como también a cuantos forman parte de la moderna aristocracia del mérito y del servicio al bien común y a la res publica, que así gozan de la Nobleza personal.
           El 19 de junio de 2016, S.M. el Rey Don Felipe VI, a propuesta de la Junta de Castilla y León y con el informe favorable del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación; efectuó un reconocimiento oficial a la Maestranza de Caballería de Castilla concediéndole la Corbata de Honor de la Real Orden de Isabel la Católica. 
          Esta es la más alta distinción pública que puede otorgarse a una corporación, institución o colectividad en el Reino de España. Se trata, pues, de un altísimo honor, por demás insólito -pues ciertamente, hasta ahora, no lo había alcanzado ni una sola de las demás Órdenes y Corporaciones y nobiliarias y caballerescas españolas-.
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           Con esta merced regia y con el reconocimiento oficial inherente a ella, la Maestranza de Castilla ha pasado a ser una de las pocas Corporaciones nobiliarias que en España gozan del reconocimiento oficial por parte del Estado.
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            Consecuentemente, la Maestranza procedió a modificar sus insignias corporativas, a las que se ha añadido la cruz de la Real Orden de Isabel la Católica y la Corona Real.
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            También se adoptó un nuevo Estandarte, que, a más de su escudo de armas corporativo, incorpora los símbolos y colores de la Artillería española, cuya cuna se encuentra también en la ciudad de Segovia. Esta nueva enseña, de gran riqueza y belleza, fue ofrecida a la Corporación por el caballero maestrante Dr. Luca Rovati.
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            No nos cabe duda alguna de que esta insólita concesión premial viene a señalar el buen hacer del Diputado Decano, Dr. Vizconde de Ayala, y de su Junta de Gobierno, en los ámbitos cultural, deportivo y caballeresco. Pero en adelante obliga aún más a todos los caballeros y damas maestrantes a seguir trabajando por los altos valores de la civilización occidental, y a hacer bueno el bello lema de la Real Orden: A la Lealtad acrisolada.
Insignias de la MAESTRANZA DE CASTILLA; cortesía de "Condecoralia -Madrid"

sábado, 17 de marzo de 2018

II edición del “Curso de Iniciación a la vexilología y heráldica, uniformología y armas“



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II EDICIÓN DEL CURSO:
El Museo Histórico Militar de Sevilla y sus colecciones: iniciación a la vexilología y heráldica, uniformología y armas, del 23-27 Abril de 2018


PONENCIAS PREVISTAS EN EL CURSO:
Ponencia 1: El Instituto de Historia y Cultura Militar. Ponencia 2: Museo Histórico Militar de Sevilla. Visita al Museo. Introducción a las colecciones del museo. Ponencia 3: Conceptos generales. Funciones básicas del museo. Ponencia 4: Gestión de las colecciones. Ponencia 5: La Conservación-Restauración de colecciones. Ponencia 6: La Asociación de Amigos del Museo Ponencia 7: Origen de la Heráldica. Ponencia 8: Orígenes de las Banderas. Visita a la colección de banderas y estandartes del museo Ponencia 09: Colecciones de Armas (1) Ponencia 10: Colecciones de Armas (2) Visita a las colecciones de Armamentística del museo Ponencia 11: Historia del uniforme Español (1) Ponencia 12: Historia del uniforme Español (2) Visita a las colecciones de Uniformología del museo
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Ficha resumida:
  • Dirigido por el Museo Histórico Militar de Sevilla y organizado por la Asociación de Amigos del Museo Histórico Militar de Sevilla y la Asociación de Museólogos y Museógrafos de Andalucía.
  • Lugar: Sala de conferencias del Museo Histórico Militar de Sevilla. Plaza de España s/n. (Puerta de Aragón)
  • Del 23 al 27 de Abril de 2018 , un total de 24 horas lectivas en horario de mañana de 9:00-13:30.
  • Dirigido a investigadores, estudiantes y docentes, 40 plazas.
  • Precio de 30€ (incluye diploma del Curso, inscripción Anual a la Asociación de Amigos del Museo Histórico Militar 
Inscripciones:
Tlf: 954 93 82 83 Fax: 954 93 86 02 museomilitarsev@et.mde.es

lunes, 12 de marzo de 2018

INGRESO EN LA LUGARTENENCIA DE ESPAÑA OCCIDENTAL de Su Alteza Real DOÑA ANA DE ORLEANS Y ORLEANS-BRAGANZA

Armas de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalen
Armas de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén
INGRESO EN LA LUGARTENENCIA DE ESPAÑA OCCIDENTAL de Su Alteza Real DOÑA ANA DE ORLEANS Y ORLEANS-BRAGANZA Princesa de Francia y Duquesa viuda de Calabria

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A propuesta del Excmo. Sr. D. José Carlos Sanjuán Monforte, Lugarteniente de España Occidental de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, a S. E. el Gobernador General de la Orden, S. E. R. el Cardenal Gran Maestre ha tenido a bien aceptar dicho ingreso con la categoría de Dama Gran Cruz.
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Escudo de Ana de Orleáns, Duquesa viuda de Calabria (Atribuido)
Doña Ana de Orleans y Orleans-Braganza, es hija del príncipe Enrique de Orleans, conde de París y pretendiente orleanista a la corona francesa, y de su esposa, la princesa brasileña Isabel de Orleans-Braganza y Dobržensky, princesa de Orleans-Braganza. Por vía paterna, es nieta del príncipe Juan de Orleans, duque de Guisa, y de la princesa francesa Isabel de Orleans, Pedro de Alcántara de Orleans-Braganza, príncipe de Grão-Pará, y de la condesa checa Elisabeth Marie Adelaide Dobrženska de Dobrženicz.